Slavoj Žižek: El gran provocador.

Y también provoca a los activistas porque les dice “no actúen, piensen” y los enfrenta a una realidad incómoda y a veces dolorosa: La lucha bienintencionada no sirve -necesariamente- para nada. La energía sin estrategia se disipa. El poder acumulado en la movilización ciudadana que no se traduce en una transformación radical del Estado, capaz de quebrar y torcer una determinada correlación de fuerzas sociales, es susceptible de evaporarse bajo la intemperie de la autonomía de los movimientos populares.