Podemos frente al vértigo de la Historia

Como señala García Linera en un reciente artículo, el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos cierra definitivamente el proceso de mundialización de las políticas neoliberales abierto en los 70´ y consolidado en los 80´, de la mano de las presidencias de Ronald Reagan (EEUU) y Margaret Thatcher (RU), también conocido como la “Globalización”. Nos encontramos ante el inicio de un nuevo ciclo histórico.

En todo el mundo puede observarse la tendencia a un giro regresivo, donde la crisis del orden neoliberal es capitalizada principalmente por formaciones más o menos nacionalistas de corte netamente reaccionario.

En este sentido, Slavoj Zizek viene planteando hace un tiempo que la alternativa al neoliberalismo en crisis es el llamado “capitalismo con valores asiáticos”, es decir un capitalismo con Estados más autoritarios y más violentos, con menos derechos y libertades para la población. La incipiente deriva proto-fascista que se extiende en Europa, el triunfo de Trump en los Estados Unidos, el golpe de Estado en Brasil, el giro reaccionario de Erdogan en Turquía y la derrota de las revoluciones árabes dan crédito a este análisis.

Una de las pocas experiencias contra-tendenciales que han surgido en los últimos años ha sido la de Podemos en España. Con sólo tres años de vida, la formación morada ha conseguido una importante bancada en el Parlamento español y, a través de los frentes de unidad popular, han podido conquistar gobiernos alternativos en las principales ciudades del país (Madrid, Barcelona, Coruña, etc.), logrando capitalizar en las instituciones los vientos de cambio que soplaron con el histórico 15M.

Tras un 2016 atípico, signado por la falta de gobierno durante 10 meses y tras el fallido Sorpasso del 26J, la atención de Podemos está ahora puesta en la Asamblea Ciudadana que tendrá lugar el 11 y 12 de febrero en Madrid.

Tres grandes desafíos de Vistalegre II

1) Gestionar la interna con inteligencia

En primer lugar Podemos debe superar rápidamente el “duelo” ante el fin del amor entre Iglesias y Errejón, y adaptarse a la nueva realidad bicéfala. Las diferencias entre ambos ha cristalizado en la conformación de dos facciones diferenciadas en la dirección del Partido y esto ya no tiene vuelta atrás. Pero aún sin amor, el matrimonio debe continuar.

Ya se sabe que las luchas internas son dolorosas, más aún tratándose de la primera vez. Los golpes de la Troika, de la prensa o de los partidos del sistema se esperan, se saben, hasta suelen ser factor de motivación en el marco de una lucha que se intuye épica. Pero las riñas intestinas son diferentes. Duelen, generan frustración y desánimo. Y está bien que así sea porque habla de la calidad humana de quienes la encarnan. Cuando la interna entre compañeros deja de doler, deja de angustiar, es porque ha vencido el cinismo.

¿Es posible que entre los dos sectores haya cooperación, aun existiendo debates y disputas? Sí. El gran desafío ahora es convivir dentro de ciertos marcos, evitando entrar en una espiral fratricida que termine liquidando la suerte de todo el movimiento.

Para esto mismo existen los Congresos partidarios (o Asambleas Ciudadanas). Vistalegre II tiene que servir para procesar estas miradas divergentes y definir un rumbo que luego ha de ser impulsado por unos y otros. Como se dice en Argentina, “el que gana conduce y el que pierde acompaña”. Se discute, se vota y se interviene. Después se hacen balances y se repite el proceso. Esas son las reglas del juego.

No sólo porque es lo evidentemente correcto (ni porque en Lavapiés la gente no los va a dejar tomar una caña en paz a los dirigentes madrileños si la cagan) es que ambos bandos deben apostar a la unidad negociada. El más frío y mezquino cálculo político también conduce a la inexorable conclusión de que la convivencia más o menos cooperativa es el único esquema posible para todos.

Iglesias y Errejón deben resignarse a que se necesitan mutuamente. Le hablan a públicos potencialmente distintos, movilizan emociones diferentes y complementarias, y si existe una posibilidad de que alguna vez Podemos gobierne España, sin dudas será en el marco de un movimiento amplio en el cual los dos estarán llamados a jugar un papel destacado. Por las características del sistema parlamentario español, ambos están condenados a negociar por el resto de sus vidas políticas.

Por otro lado, si miramos la correlación de fuerzas existente en el Partido, también resulta imposible otro desenlace que no sea una integración de la facción que resulte minoritaria en el Congreso a la dirección. No hay margen para exclusiones absolutas ni para sacar los pies del plato. El intento de desplazar por completo a uno de los dos sectores se traduciría automáticamente en un suicidio político.

En este contexto hace falta madurez y también creatividad para intentar superar un problema que tiene de todo menos originalidad, si miramos la historia de la izquierda. Hace un tiempo Juan Carlos Monedero decía que la izquierda debería aprender de la lógica de Wikipedia, como ámbito de pluralidad y cooperación institucionalizada. Me parece una excelente idea. Nobleza obliga a citar la fuente pero la honestidad política a decir que la actitud de Monedero hacia el debate interno no ha sido hasta aquí la más “Wikipédica”. Por suerte todavía están todos a tiempo de corregir el rumbo.

2) Repensar el discurso y replantear una agenda popular.

Podemos irrumpió en el escenario español porque logró conectar con un sentir popular. Se constituyó en una fuerza vocera de una agenda sentida por amplios sectores de la sociedad, tocando fibras sensibilizadas por la crisis económica y por la obscenidad de la corrupción política que se destapó como una olla a presión en los últimos años.

Podemos debe reinventar una agenda popular que hable de los problemas de España. Si hay algo que enseñó Bernie Sanders es a no perder el hilo, no cambiar su discurso ni sus ejes programáticos, aun en el marco de una interna feroz y despiadada. Podemos ha ocupado demasiado del tiempo ganado en los medios de comunicación hablando de su interna, de mecanismos de reparto de cargos que a nadie importan, mostrando dejos del viejo (viejísimo) fetichismo partidista que repele a la inmensa mayoría de la gente.

Parafraseando el argumentario podemita original, al que está en el paro no le importa si los cargos de un partido se reparten por D´Hont, proporcional o “winner takes all”. A la familia desahuciada le da igual si Iglesias va a la Secretaría General y Errejón a la política, o al revés, o como sea…

Es tiempo de que todas las vocerías públicas de Podemos rectifiquen el rumbo y retomen una línea pensada desde la realidad de las grandes mayorías sociales y no desde los problemas de la dirección. Podemos debe volver a enunciar la palabra Cambio, dotándola de un sentido progresivo y popular.

  1. Superar los falsos debates.

Uno de los principales costos de la interna ha sido el relativo desvío discursivo de ambos líderes y la instalación de algunos falsos debates en la militancia, en especial la supuesta disyuntiva “instituciones” contra “calle”. En esto hay que ser muy claros y asumir que todo proceso de transformación social requiere una estrategia en un doble sentido:

Por un lado requiere una expansión horizontal de la protesta social, la movilización ciudadana y la construcción de poder popular. Y por el otro, demanda una estrategia vertical orientada a la lucha en la esfera política que apunte a una transformación del Estado.

Sin un marco de movilización social, los partidos (auto denominados de izquierda o no) nunca podrán configurar por su propia actividad institucional las correlaciones de fuerza necesarias para un cambio político sustancial. Y por otro lado, sin una estrategia institucional y discursiva orientada a persuadir a las grandes mayorías y a ganar elecciones, los avances en el campo de la lucha social pueden evaporarse en cuestión de meses.

Iglesias y Errejón han explicado esta dinámica en muchas ocasiones, incluso antes de que Podemos exista. La lectura que hicieron de la crisis de representación del bipartidismo español, y la consciencia de que existen autonomías relativas en las dimensiones sociales y políticas, les permitió construir una hipótesis de trabajo cuyos resultados están a la vista de todo el mundo.

Esa autonomía relativa de la esfera política, que bien han caracterizado en el pasado, sigue existiendo y operando. La tensión que tiene la apuesta por el Partido – Movimiento Popular es irreductible. No hay fórmulas mágicas que la salden ni caminos unívocos a seguir.

Podemos no puede involucionar hacia el resistencialismo cañero que tranquiliza las consciencias de sus protagonistas, reforzando identidades luchísticas que funcionan muy bien en los ghettos súper politizados, pero que ya sabemos todos que no sirven para romper el umbral del 20% de españoles/as. No hay nada más conservador que la comodidad del izquierdismo que siempre “resiste”.

Tampoco puede devenir en un partido progresista edulcorado que en su afán de ganar al elector socialista termina cayendo por su propia inocuidad. Podemos no debe confundir la necesidad de seducir a las bases militantes y electorales del PSOE, con una política light hacia este Partido deslegitimado y en crisis. Hace falta mucha creatividad, ensayo y error para alcanzar este objetivo ineludible.

Vivimos tiempos de cambios constantes. Podemos ya no es el mismo que hace tres años. España no es la misma. Europa y el mundo tampoco. Conectar con el sentir del pueblo es el objetivo más elevado que se le plantea al arte de la conducción política. No hay carisma personal ni receta científica que lo garantice. Podemos deberá apostar por herramientas novedosas de investigación e intervención, profesionalizando (en el mejor de los sentidos) su práctica para, así, desplegar todo su potencial político.

En este sentido, Errejón acierta cuando plantea que Podemos debe superar su imagen de pura rebeldía y ofrecer un horizonte de cambio verosímil y positivo. Y también es correcto pensar que la construcción de esa alternativa para millones no puede estar dada por un tono exclusivamente negativo ni proyectando una imagen cutre. Esto es así.

Pero Iglesias también está en lo cierto cuando plantea que hace falta firmeza en la crítica y advierte sobre los peligros de una mimetización estética y política con el PSOE. No por motivos morales, sino porque la política de “mano tendida” puede ser estéril para ganar ese electorado. Los partidos están en crisis y la “lealtad” de los electores rumbo a la extinción.

Encontrar y construir la solución a estos problemas es el verdadero desafío de Podemos, donde nos topamos nuevamente con la necesidad de una coordinación negociada entre los dos sectores (con los anticapis también, claro). La misión de Podemos será colectiva, o no será.

Concluyendo

La sabiduría china dice que la verdadera personalidad de un individuo es la que emerge de manera espontánea frente a una crisis y frente al peligro. Somos lo que hacemos ante una emergencia. Si extrapolamos este postulado al colectivo, podemos afirmar que no hay nada más peligroso y crítico que una lucha faccional que parece irse de las manos. Cómo enfrentarán ambos sectores este nudo complejo dirá mucho sobre cada uno y será decisivo para el conjunto.

Podemos es –junto con Bernie Sanders- el principal emergente popular contra-hegemónico de los últimos años en el mundo. Fueron tres años de vértigo y furia en los que mucho se logró, y donde ahora mucho hay en juego. La historia la escriben hombres y mujeres de carne y hueso. Falibles. Imperfectos en todos los casos. Veremos si estos hombres y mujeres están a la altura de la historia grande del pueblo español. Vistalegre II nos dará pistas para descifrarlo.

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