La mujer habitada

La mujer habitada

“Silenciosa, la vida teje lienzos. Siento el rumor de los hilos creciendo telas de colores extraños, se acercan acontecimientos que no puedo más que intuir.”

Hermosa y movilizante novela de la nicaragüense Gioconda Belli. El amor, el miedo, la injusticia y la revolución se entrelazan en un relato abundante en imágenes y colores, inteligente, agudo en los asuntos del corazón, cargado de sensualidad y estilo.

Imposible no recordar en muchos pasajes del libro a “La Madre”, de Maksim Gorki, publicada 80 años antes en la Rusia zarista. Aquella fue la primera “novela política” que leí en mi vida a préstamo de mi viejo. Los paralelismos entre Pelagia (La Madre) y Lavinia (La mujer habitada) son muchos, en tiempos y lugares muy diferentes.

Aplausos de pie para esta mujer, periodista, escritora y luchadora revolucionaria nicaragüense. Un placer total la lectura de esta novela, dura por momentos, inquietante, conmovedora y cargada de sentido y amor por la vida.

“Sentada frente al escritorio, observaba el ventanal bañado de
lluvia. Las gotas se deslizaban formando pequeños ríos, empujándose unas a otras, haciendo cataratas sobre el vidrio. En invierno el cielo de las tardes se hacía nubarrones y desataba diluvios de húmeda furia. La tierra se abandonaba al placer de las tempestades. Desde el suelo subía un olor penetrante, anunciador de nacimientos. El paisaje soltaba intensas gamas de verde, los árboles sacudían las espesas copas, las mojadas cabelleras. Era el tiempo de las orgías de los pájaros, tiempo de correntadas en que la ciudad perdía su fisonomía habitual y conviviía con el lodo, las hormigass aladas, las goteras. Los viejos refunfuñaban su reumatismo de huesos húmedos y las camas amanecían frescas, heladitas las sábanas y cálido el lugar de los cuerpos.

Podría pensarse que volvimos al principio del mundo y que pronto aparecerán los dinosaurios, pensaba Lavinia, distrayéndose en la contemplación del verdor irrumpiendo sobre el paisaje. Principio del mundo. Los dinosaurios. El mundo daba vueltas. Órbitas, edades sucediéndose. Y el hombre y la mujer haciendo historias.”

 

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