Drogas y Time Warp: 3 puntos sin careta.

Breve reflexión ante la tragedia de la Time Warp en Buenos Aires (https://goo.gl/D9SPQe)

1) El consumo de drogas en las sociedades contemporáneas es un hecho masivo, generalizado, global y poli-clasista. Hay consumidores de falopa, porro, pepa, MDMA o anfetaminas en el poder judicial, entre los cadetes de las pizzerías, en los obreros de la construcción, en los brokers de la city, en las universidades privadas y públicas, en los barrios cerrados de San Isidro, en las villas, en las grandes ciudades y también en los pueblos chicos.

Mujeres y hombres de múltiples edades y de todos los países del mundo consumen estas sustancias ilegales, y otras tantas legales (y no por ello menos peligrosas) como el alcohol, el clonazepan, el prozac, las pastillas para dormir, pastillas para despertarse, pastillas para prestar atención, pastillas para estudiar, pastillas para adelgazar, pastillas para entrenar, antidepresivos de todo tipo y un potente etcétera.

El uso de estas sustancias es coherente con la forma de vida que llevamos, sobre todo en las grandes ciudades, y quizás por esto convivimos con niveles de intoxicación tan elevados como socialmente aceptados. Para mucha gente, jóvenes en particular, es perfectamente “normal” gastar un 30% del sueldo en alcohol y drogas para poder “descansar” (o apagarse) los fines de semana. ¿Es normal que los pibes salgan quemados de laburar en los call center los viernes a la noche y se bajen un par de botellas de Capitán Morgan (vodka barato y venenoso), donde siempre alguno rompe chasis antes de entrar al boliche?

¿Es normal que si tu cuerpo enferma y tiene fiebre pidiendo descanso, le des Qura Plus (pseudo efedrina) para violentar tu proceso natural y orgánico porque sino te rajan del trabajo? ¿No será que hemos normalizado demasiada mierda en nuestra vida cotidiana?

El consumo masivo de drogas, legales e ilegales, sin dudas nos está diciendo algo sobre la calidad de vida que llevamos actualmente. ¿A cuantos les diagnosticaron estrés o depresión en la guardia del trabajo o el psicólogo de turno? ¿Tiene algo que ver la forma de vida que tenemos con el uso y abuso de estas sustancias? Sino nos mentimos a nosotros mismos y esquivamos las simplificaciones pseudo moralizantes, la respuesta es un profundo Sí. Vivimos tiempos de crisis material, pero también de crisis de identidad y de sentido, donde la proliferación de terapias y sustancias de este tipo son caras del mismo cubo rubik.

2) ¿Pero es lo mismo fumar un porro y escuchar un disco de Led Zeppelin en tu casa que fumar paco o inyectarte heroína? Para los grandes medios y la gran mayoría de la dirigencia política parece que sí, ya que lo que prima es la hipocresía y la ignorancia.

Al margen de las consideraciones generales del punto (1), en el caso Time Warp tenemos la insoslayable responsabilidad del organizador que incumplió con toda normativa para maximizar su lucro poniendo en peligro a la gente (sobre venta de entradas, cortar el agua en los baños, vender agua a precios usurarios y quedarse sin stock a media noche, etc.). Y también la responsabilidad del gobierno de la Ciudad por no impulsar el más mínimo control, ¡en un predio del que es dueño y responsable!

¿Se imaginan si Ibarra festejaba su casamiento en Cromagnon o lo hubiera usado como bunker de campaña? Los vínculos del PRO con estos negocios son obscenos y el responsable tiene nombre y apellido: Horacio Rodriguez Larreta. ¿Asumió hace poco como para responsabilizarlo? Entonces habrá que ir por el anterior Jefe de Gobierno. Una vez más la corrupción política y el lúmpen empresariado argentino son responsables directos de una tragedia.

¿Hasta cuándo?

3) Último pero no menos importante, es fundamental señalar el fracaso más escandaloso de la política de “cero drogas” que impulsa EEUU y que sigue la Ministra Patricia Bullrich. Sé que el significante EEUU tiene muchas connotaciones ideológicas, pero no se trata de eso en este caso, sino en aplicar el sentido común y ver cómo esta lógica los ha convertido en el principal consumidor mundial de drogas (de todas las drogas que existen, legales e ilegales) y que su “ayuda” a países como México o Colombia sólo ha potenciado catastróficamente el problema.

El prohibicionismo es un ejercicio de negación fatal por demás comprobado, que beneficia a los narcotraficantes y a la industria farmacéutica (donde también hay mucho poder y narco legal), perjudicando siempre a los más débiles de la historia. Si hablamos de políticas públicas, es conocida la avanzada y progresista experiencia holandesa donde -aún prohibidas las drogas de diseño- los organizadores de las fiestas proveen testers a los asistentes para probar la pureza de las sustancias que están por consumir. ¿Suena contradictorio? No lo sé. Pero salva vidas.

Es fundamental dar una discusión seria y sin careta de este tema por demás complejo y sensible, sin caer en facilismos ni recetas mágicas porque no las hay. Lo que sí es muy claro es que el principal peligro es la ignorancia, que la negación se traduce en negligencia, y que la hipocresía generalizada termina siendo más tóxica y mortal que cualquier droga.

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