Conversando con Jorge Alemán, psicoanalista y escritor.

–¿Qué representa para la política española la emergencia de Podemos?

–Podemos es un fenómeno político extraordinario, en el sentido de que partiendo de la nada logró forjar una práxis teórica y militante que dio lugar a una transformación de la cultura política española. En este país ha cambiado la sensibilidad política, han cambiado las lecturas, ha cambiado la bibliografía y eso Izquierda Unida no lo hubiera podido lograr nunca. A la vez Podemos desenmascaró la apropiación cínica de los valores progresistas por parte del Partido Socialista. En este sentido, más allá de cualquier resultado electoral, el trabajo que se ha hecho es importantísimo. En 40 años que llevo viviendo aquí, es la primera vez que asisto a debates que no se habían dado nunca.

Es la primera vez que se pone en tela de juicio todo un aparato intelectual mediático constituido por literatos que jamás han asomado a ningún tipo de lectura teórica, que se mueven en los prejuicios ideológicos absolutamente instalados en los que viven, y que jamás nadie los puso en cuestión. En ese sentido, el fenómeno de Podemos con el retorno de Gramsci, con las lecturas de Laclau, con la apertura al propio Lacan y al psicoanálisis, configuró un nuevo tipo de constelación de la experiencia política, una nueva manera de pensar la política.

Luego me parece que es un acto de justicia histórica incorporar a la izquierda, que en este país fue la única que se comprometió en serio con la resistencia a la dictadura franquista, y aunque por su propio marco teórico nunca podría haber generado un fenómeno de masas como el de Podemos, es para reconocer que han tenido siempre una coherencia ideológica y política.

Algunos piensan que en este armado Podemos arriesga su identidad, sin embargo yo veo que hay mucho entusiasmo. En términos kantianos, el afecto del entusiasmo es un signo relevante para caracterizar un fenómeno colectivo. Para Kant los afectos eran negativos siempre, eran patológicos, sin embargo, le daba al entusiasmo un valor distinto. Así dedujo que la Revolución Francesa tenía un valor diferente. Y yo veo que con el frente Unidos Podemos hay mucho entusiasmo.

Insisto en que esto va más allá del desenlace electoral y del factor cuantitativo. Sin haber tenido corporaciones mediáticas detrás; con una financiación muy limitada; sin medios propios, teniendo que jugar en el régimen de enunciación que los medios masivos ya han construido previamente; sin dudas estamos ante un hecho por demás interesante.

Tal vez este proceso conduzca hacia una reinvención de la socialdemocracia, lo cual nos lleva al eterno problema de qué es una transformación política popular y soberana dentro de un espacio democrático. Ahí es muy difícil no abrir consideraciones sobre la socialdemocracia, no en un sentido histórico de lo que fue, sino en el aspecto de las transformaciones sociales en el ámbito de la democracia.

–Los principales referentes políticos e intelectuales de Podemos han seguido muy de cerca los procesos de cambio latinoamericanos de comienzo de siglo. Según ellos mismos, han aprendido de los debates en torno a la relación entre lo social y lo político, los procesos constituyentes, la cuestión nacional-popular, etc. En este contexto crítico de balances y reagrupamientos de las fuerzas populares latinoamericanas, ¿qué lecciones puede ofrecer Podemos?

–Primero hay que señalar que los movimientos nacional populares de latinoamérica son una mala palabra en Europa. Es lo que han instalado los aparatos mediáticos, a tal punto que Podemos ha tenido que ser muy cauteloso con aquellas implicaciones con América Latina, incluso la actual campaña tiene a Venezuela como elemento central, lo cual es verdaderamente delirante. El propio Partido Socialista ha centrado su campaña en el tema Venezuela, mientras que el momento de retroceso de los procesos de cambio ha demandado una dosis de astucia y cautela.

Yo creo que hasta ahora podríamos decir que Podemos aprendió de los procesos latinoamericanos. Por otro lado, en el caso de que Podemos llegara algún día al gobierno, las estructuras europeas son tan inertes, las tradiciones institucionales tan inflexibles, que estaríamos frente a un fenómeno realmente muy curioso. Estaríamos frente a una formación política que se define a sí misma a través de un proyecto transformador, en un continente que muestra hace rato –y de todas las formas posibles– que es imposible la invención de una forma política nueva.

Si sumamos las corporaciones, el nuevo reimpulso del neoliberalismo que ha colonizado a los partidos conservadores (cosa que no fue siempre así), más la vertebración institucional de ciertas formas asociativas del catolicismo que están presentes de modo trasversal, más las distintas élites corporativas que hay en Europa, sería sin dudas un aprendizaje ver cómo es posible moverse en un ámbito institucional que lleva siglos de inercia, de inmovilismo.

Hay otros aspectos de los que se puede aprender mucho de Podemos como lo es el ámbito comunicacional, la relación con la ciudadanía a través de las redes sociales que es muy original. Particularmente en Argentina, dado el interés que existe por las redes sociales, se podría tomar nota de esto. Si bien todavía no hemos visto lo que sería en el gobierno, otro aspecto interesante para analizar es el cuidado que tiene Podemos a la hora de construir alianzas y articulaciones políticas. Como hemos visto en los procesos latinoamericanos, es tan difícil para un proyecto popular, nacional y transformador sostenerse, que muchas veces debe buscar pactos, socios y establecer conexiones que luego se le vuelven en contra. Ésto último, en caso de que se demuestre que Podemos puede ser tan radical en su apuesta como lo fueron los proyectos nacional populares de América latina en los últimos años.

–Mencionó a Laclau, ¿dónde ve la influencia de sus ideas en Podemos?

Mi idea absolutamente personal es que sin las tesis de Laclau Podemos hubiera sido inconcebible. En la medida en que el enfoque de Izquierda Unida partía de las fuerzas materiales de orden estrictamente económico, en la estructura económica como la determinación en última instancia y, por consiguiente, de que el sujeto histórico tenía que proceder necesariamente de ese ámbito, jamás se hubiera podido generar un fenómeno como el de Podemos. Esto se puede verificar en los últimos 40 años de historia española. La convocatoria desde ese núcleo ideológico nunca habría podido tener tal repercusión como la que vemos hoy en día con Podemos.

Por otro lado, un desencadenante de Podemos fue entender que había una crisis orgánica. No digo crisis del capitalismo ya que él mismo se nutre de las crisis, y en última instancia lo que hubo fue un cambio de modelo en la acumulación del capital, pero sí en el sentido gramsciano podemos decir que España se asomó a una crisis orgánica, a una crisis de legitimidad con respecto a la representación política. Podemos fue quien mejor la supo interpretar, y en parte porque había leído a Laclau pudo comprender que había demandas insatisfechas no absorbidas por el tejido institucional.

En sus comienzos Podemos, en tanto traducción política del 15M, pudo ver que se podía articular una cadena equivalencial de demandas diferentes y heterogéneas entre sí, pero no a través de una estructura política ya constituida. Se puede decir que captaron mejor el momento político como instituyente de lo social. Mientras que la visión clásica de la izquierda es que en la propia sociedad ya está el germen de la transformación. En ese sentido es que pienso que Laclau y Chantal Mouffe, al comienzo de Podemos, fueron determinantes para entender la forma en que se debe instituir lo político.

–Habló del contexto europeo. Hace poco Zizëk planteaba que frente a la crisis del neoliberalismo lo que emerge es el capitalismo con valores asiáticos. Es decir, un capitalismo con regímenes políticos autoritarios. Desde este punto de vista lo de Podemos sería una excepción, ¿cuál le parece que es la tendencia general a nivel europeo?

Sí, estoy de acuerdo, pero el capitalismo con valores asiáticos no deja de ser una modalidad de neoliberalismo. El capitalismo asiático no tiene una burguesía clásica, es corporativo, y no tiene el modelo del profesional asalariado perteneciente a la burguesía sino que se constituye a través de una forma oligárquica, corporativa y financiera. Pero, en realidad, lo que está pasando es que la alternativa a esa presión que ejercen sobre Europa el capitalismo asiático y, por el otro lado, el capitalismo americano (en la terminología de Heidegger la pinza formada por EEUU y Rusia, que ahora bien podría ser EEUU y China), es la extrema derecha.

Lo que se está tratando de articular –con un supuesto discurso anti neoliberal– es la extrema derecha que apela a los valores anti europeos, cuestionando esa Unión Europea que se constituyó con cimientos mercantiles y no políticos, abriendo un mero horizonte de mercado. Frente al bochorno que hace la socialdemocracia, por ejemplo con el tema Venezuela, lo que emerge es la ultra derecha. Hay partidos nazis que se están estableciendo como verdaderas alternativas. Algo similar está ocurriendo en EEUU con Donald Trump. Después habrá que ver cómo se combina eso con un proyecto económico en las modulaciones del neoliberalismo, pero un rasgo característico de estos fenómenos es la vuelta a los valores identitarios de lo local.

Por este motivo es que yo no acepto que haya un populismo de izquierda y otro de derecha. Para mí la articulación hegemónica que se da en un proyecto populista solo puede darse en el marco de un proyecto de izquierda. Los denominados populismos de derecha que emergen por todas partes como supuestas alternativas al neoliberalismo, no se construyen en la lógica hegemónica de la articulación de cadenas equivalenciales, sino que son puramente identitarios. Son absolutamente homogéneos y están configurados con la pretensión de totalizarse, dejando afuera el elemento que amenaza esa identidad, es decir extranjeros, inmigrantes, refugiados, judíos, etc..

Me parece una confusión, y los propios seguidores de Laclau la hacen, hablar de populismo de izquierda y populismo de derecha. Desde mi punto de vista, no es la misma lógica de articulación la que se produce. El llamado populismo de derecha se rige por la idea identitaria de unificarse borrando toda diferencia, homogeneizándose. Para esto necesita un exterior que amenace esa identidad, evidentemente hablamos de los extranjeros y los inmigrantes. En el populismo de izquierda, el propio Laclau se encarga de demostrar que las diferentes demandas –ni siquiera en la extensión de la cadena equivalencial– se absorben, y que las diferencias se mantienen siempre. Por eso es tan inestable, contingente y frágil en definitiva.

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