El PSOE en el centro, entre la espada y la espada

Artículo publicado en el diario Página/12, el 8 de febrero de 2016.

Las elecciones del pasado 20-D configuraron un Congreso signado por la fragmentación. El fuerte retroceso de las formaciones tradicionales, Partido Popular y PSOE, vino acompañado de la emergencia de nuevos partidos –Podemos y Ciudadanos– con los que ahora deben negociar para alcanzar la mayoría necesaria y poder formar gobierno.

Tal y como lo indica la Constitución, el rey Felipe VI propuso al Presidente en funciones Mariano Rajoy para que intente alcanzar la mayoría de escaños, pero el líder del PP desistió de la investidura argumentando que “por el momento” no contaba con los apoyos necesarios. Como consecuencia del “olé” de Rajoy, llega el turno de Pedro Sánchez (PSOE) quien sí dio el paso adelante, y ahora tiene alrededor de tres semanas para desarrollar la alquimia parlamentaria que lleve el humo blanco a la Moncloa.

Así las cosas, el Secretario General del PSOE ocupa por estos días el centro de la escena política española aunque ninguna jugada parece sencilla. Su escenario ideal de encabezar una coalición con Podemos y Ciudadanos es inviable ya que estas dos formaciones son incompatibles políticamente. Sánchez tiene que optar entre negociar con Ciudadanos y el Partido Popular o intentar un acuerdo por izquierda con Podemos e IU.

La primera reunión que tuvo Sánchez tras aceptar la propuesta del monarca fue con Albert Rivera, líder de Ciudadanos, quien se mostró dispuesto a avanzar. El problema es que el catalán le planteó la necesidad de integrar al PP al armado, opción que el PSOE ha descartado de plano. En esa línea de acción, la única configuración que podría coronar a Sánchez sería que Rivera acepte el frente PSOE/C’s y que el PP se abstenga, escenario que el propio Rajoy ha rechazado.

Por el wing izquierdo el panorama es diferente ya que Podemos e Izquierda Unida se han manifestado a favor de la negociación de un frente progresista con el PSOE. Sin ir más lejos, fue el propio Pablo Iglesias quien tomó la iniciativa semanas atrás y se propuso como vicepresidente de un gobierno encabezado por Sánchez, cuando éste todavía no había sido propuesto por el rey. Aún acordando PSOE, Podemos e IU se necesitarían más apoyos y/o abstenciones de los partidos nacionalistas, aunque en este escenario el principal problema es la resistencia que genera el acuerdo con Podemos en el propio Partido Socialista Obrero Español.

Tras los magros resultados obtenidos el 20-D, los peores de la historia para el PSOE desde la transición democrática, los cuestionamientos internos a Sánchez han sido muy fuertes. Y si bien su posible investidura ha silenciado las fieras, esta calma podría ser una apariencia de corta duración.

Los históricos “barones” territoriales han establecido estrechos márgenes de negociación a través del Comité Federal, hecho que contribuye a que la presidencia de Sánchez sea un desenlace inverosímil a juzgar por este cronista.

La crisis que vive el PSOE es el trasfondo de la quimera presidencial de Sánchez y posiblemente sea también su principal motivación. Con Rajoy y Rivera presionando por una “gran coalición” por un lado; Iglesias ofreciendo un “frente del cambio” mientras avanza sobre el electorado histórico del socialismo; y Susana Díaz (presidenta socialista de la Junta de Andalucía) acechando desde la propia trinchera; la apuesta de Sánchez constituye un intento de fuga por arriba en un escenario que lo tiene en el centro de las miras.

A simple vista podría pensarse que este movimiento de Sánchez se trata de un “all in” temerario, pero la realidad es que no tiene mejores alternativas. En ajedrez se dice que un jugador está en “Zugzwang” si en su turno cualquier movimiento supone empeorar su situación. Esta parece ser la realidad del PSOE, que según la última encuesta del CIS perdería el segundo lugar con Podemos en caso de haber nuevas elecciones. Intuyendo el peligro de un cercano jaque mate, Pedro Sánchez decidió patear el tablero y cambiar de juego. Ahora apuesta todas sus fichas a la presidencia de España, esperando que esta baraja le garantice –al menos– mantener el control del PSOE y una nueva candidatura si se repitieran los comicios.

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